No me gustan las películas.
No me gustan las películas, no porque no me guste el cine,
no me gustan porque te venden la vida en cajitas de oro, te venden sonrisas y
que todo siempre tiene un final feliz. ¿Qué? ¿Acaso nos creen estúpidos? El
resto del mundo lo será, pero yo, en definitiva no. Te envuelven por un segundo
en un mundo mágico, un mundo efímero, que existe en las mentes de escritores y
guionistas, te envían directamente a una dimensión en la que los problemas son
sencillamente estúpidas barreras que con un pequeño esfuerzo podemos superar. No,
la vida no es así, no es sencilla, los problemas no se resuelven llorando, ni
gritando, y menos haciendo dramas ridículos.
No me gustan las películas, no porque no se noten reales, no
me gustan porque son hipócritas, porque te encierran en amores y problemas, en
besos y llantos, en drogas no dañinas y alcohol sin ebriedad. No me gustan
porque ocultan sentimientos reales, porque si por una vez en la vida los
actores s expresaran la vida de muchos estuviera un poco menos llena de
ilusiones absurdas que se mantienen vivas gracias a aquellas falsas esperanzas
que, con meses de trabajo, una película planto en tu mente, y con suerte en tu corazón.
No me gustan las películas, no porque no se basen en el
mundo real, no me gustan porque se valen de realidades modificadas para
transmitir un mensaje misceláneo, no me gustan porque muestran lo mejor y lo
peor del mundo y de sus habitantes, pero no se enfocan en lo realmente
importante.
No me gustan las películas, no porque prefiero leer, no me gustan porque son capaces de resumir la magnificencia de un libro en dos horas, saltando capítulos y hablando por claves, creyendo que el publico entiende silencios, esos agujeros que van dejando los guionistas.
Entenderán que prefiera los libros, y que rechace
invitaciones al cine, no me gusta lo falso, no me atrae la mentira, ni las
relaciones fingidas. No me gustan las películas.

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