Y que nunca se te olvide lo mucho que te quiero. Que nunca se te olviden los besos, los abrazos, los momentos únicos que hemos vivido juntos. No me rindo aún, pues siento que se puede recuperar, y así, como dicen: el dolor es temporal, darse por vencido es para siempre. Así yo te digo que no me doy por vencida, siento en mi corazón que ese cariño que un día sentimos mutuamente sigue vivo, siento que aún nos queremos, y nos deseamos con la más absoluta sinceridad. Que cada caricia se registró en mi piel, que cada abrazo se transformó en mi abrigo permanente, que cada uno de tus besos se volvió mi única forma de supervivencia. Y a estas alturas, sí lo admito, soy adicta, adicta a ti, a tu ser, a tus ojos, tus labios, tus manos, a todo, y así también admito que eres la más dulce tentación, la más discreta de las miradas, el más peligroso de los encuentros, la más hermosa adicción. Eres el único aire que respiro, eres el único paisaje que admiro, y la única superficie que toco. Eres mi droga, mi tormento, mi adicción, mi fuego, ese que me quema de sólo pensar en el. Eres esa única estrella que jamás se retira de mi cielo, esa que sabe mis mayores secretos, y que los comparte. Eres a mi como el alcohol a un alcohólico: mi delirio. Pensarte es mi profesión, desearte mi pasatiempo favorito, y amarte mi mayor, pero a la vez excitante, pecado. Y después de todo esto, se que te sientes igual que yo, y que las ganas de pertenecernos el uno al otro van creciendo, día tras día, y cuando llegue el momento de verte lo haré con la más emocionada mirada, cuando llegue el momento de abrazarte lo haré como si no te fuera a soltar nunca, cuando llegue el momento de besarte lo haré con el más puro de los deseos, y así sucedera, dejaré que nuestros corazones se aceleren y que vayan al mismo ritmo, dejaré que nos conectemos totalmente, mientras un beso nos une por unos minutos, siendo yo parte de ti, y tu parte de mi. Recorreré cada centímetro de tu piel, y memorizaré cada una de tus facciones, y tu haras lo mismo, porque soy tu droga, tu delirio, y yo lo sé. A todo esto me viene la pregunta más importante ¿porqué aún no eres mío?. La respuesta está en que sí lo eres, siempre lo has sido, estamos destinados a pertenecernos. Y como para sellar el encuentro, un desesperado beso, de esos en los que me gritas que no quieres que me vaya, de esos en los que tus brazos me aferran a ti, para nunca dejarme ir, y me encanta, que al separarnos ese brillo en tus ojos, como si dijeran "te amo, te deseo, no te vayas, te necesito", el brillo que me hace refugiarme entre tus brazos, apoyándome en tu pecho mientras escucho tu corazón, con ese latido tan desenfrenado, mientras poco a poco me fundo entre tus brazos, pidiéndote a gritos que no me dejes ir jamás, porque soy tuya, siempre lo fui, y siempre lo seré. Y mientras tu no me dejes ir, yo tampoco lo haré, por que por fin, nos pertenecemos el uno al otro.